Sobre mi obra

La fotografía es mi mundo. Y aunque la fotografía parece perfecta para registrar lo que está ante nuestros ojos, cuando miro todo lo que me rodea la vida me abre puertas a otras imágenes contenidas en todo lo que veo, como en una realidad simultánea. Para mí lo evidente sólo es la máscara de la realidad.

Yo veo más hacia adentro que hacia afuera, y no intento reflejar lo que veo, sino lo que se produce dentro de mí y cómo me relaciono con ello. También hasta allí se puede llegar con la fotografía. He encontrado un camino para mostrar lo que ocurre en mi interior, un camino sin retorno que me lleva a un nuevo modelo creativo, en el que veo una clara ruta hacia el futuro de la fotografía y por el que llevo transitando desde hace más de veinticinco años.

Ya desde mis primeros años de aprendizaje fotográfico comprendí que la fotografía clásica me llamaba la atención como una demostración del virtuosismo artesano, pero mi mundo interno no podía expresarse con miradas externas y descriptivas imágenes de momentos. Los objetos, las personas, me hacían reflexionar sobre el objeto y no sobre mi propio sentimiento. Los objetos tienen una enorme personalidad y, al utilizarlos, nuestra propia personalidad debe expresarse a través de la suya y eso me resultaba una tremenda limitación que no podía soportar. En mis fotografías el objeto de partida no se reconoce y la obra puede hablar por sí misma.

Como en una repetición de la historia de la pintura en el cambio de los siglos XIX-XX, mis fotografías se apartan del realismo fotográfico para adentrarse en el simbolismo, en la visión metafísica de una realidad simultánea de la que me considero un testigo privilegiado.

Entiendo que mi obra es una necesaria ruptura con lo que me ha precedido. Por supuesto respeto, necesito y admiro toda la cultura que he heredado y de la que se ha alimentado mi alma, pero yo no veo ni siento de aquella manera y tampoco puedo expresarme como hacían en el pasado. Yo me considero una consecuencia de todos sus esfuerzos, e intento dignificarles transitando por un nuevo camino cuyo destino sí me pertenece. He nacido en un mundo mucho más abstracto y simbólico y así son las imágenes que llevo dentro. Así pienso y así siento.

Naturalmente he tenido que encontrar técnicas que me permitan convertir la más evidente realidad en símbolos y los símbolos en una nueva realidad de la que nacen mis escenas; las escenas que yo veo cuando consigo quitar la máscara a la realidad. Con mi obra he descubierto que aquello que no vemos está exactamente delante de nuestros ojos.

Y en este juego de la mente yo mismo me sorprendo ante las imágenes que produzco, porque se convierten en un espejo en el que veo reflejados mundos desconocidos que me pertenecen, que son yo mismo y que no sabía que existían.

Quienes además de mirar quieren empezar a ver, también encuentran esta doble imagen en el espejo que son mis fotos. Es una simple cuestión de tiempo mirando la obra.

Considero mi trabajo como fotografía, no es diseño gráfico ni creación digital. Tampoco es la consecuencia de interminables horas manejando programas de edición digital. Es interesante saber que más de la tercera parte de mi trabajo se ha hecho en negativo, hasta 2010 no comencé a usar imágenes digitales en mi obra creativa. Cada imagen proviene de un disparo real y sin ese disparo no hay imagen. Lo demás es obra de mi visión espiritual, de mi imaginación o de mis ojos. ¿Quién sabe?


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