Historia de una fotografía: “EL BOSQUE VESTIDO”

Story of a photograph: “THE DRESSED FOREST”

Muchas veces lo que no vemos está exactamente ante nuestros ojos. En ocasiones somos incapaces de ver lo mismo que otro espectador a nuestro lado. No es tan extraño, simplemente hay distintas formas de mirar y diferentes maneras de ver. Si aceptamos que la visión está condicionada por cosas como el tiempo necesario para que el cerebro se adapte a algo nuevo y también por dejar aparecer lo inesperado sin censurarlo, estaremos abriendo una puerta para poder ver lo que habiendo mirado no habíamos visto. Todo un juego de palabras.

Many times, what we don’t see is right in front of our eyes. Sometimes we are unable to see what the person right next to us can. It is not that unusual, it is just simply that there are different ways to look at and see things. If we accept that vision is conditioned for things such as the time the brain needs to adapt to something new and also allow a surprise to come into view without being censored, we are then opening a door to be able to see what we were looking at without having seen it. A game of words.

En obras complejas y con múltiples personajes puede resultar más difícil ver todo lo que llevan en su interior y en ocasiones es complicado porque así se pretende que lo sea. A veces lo que se quiere es que las imágenes que se forman en nuestro interior se construyan en conjunciones complicadas que resultan imposibles de ver todas al mismo tiempo e incluso en el mismo día; no siempre estamos igual de despiertos internamente. También se puede jugar con eso.

In complicated collections and with multiple characters, it can be difficult to see all what lies within and sometimes it can be complicated because this is how it is intended. Many times what is looked for is that the images that are created in our interior are built in complicated conjunctions that are impossible to see all at the same time and even on the same day; we are not always as awake internally. We can also play with this.

Pero también ocurre que a veces hay imágenes sencillas que cuesta descifrar. No hablo de la imagen latente en el escenario real, sino de la imagen que se presenta en una obra acabada. Algo que supuestamente ya está digerido e interpretado.

However, there are times that even the simplest images can be difficult to decipher. I’m not talking about a latent image in a real scene, but the image presented in a finished collection. Something that is supposedly understood and interpreted.

Este es el caso de la imagen que nos ocupa y que siempre me sorprende por su capacidad para no ser vista y para que abra los ojos a muchos espectadores. Se trata de “EL BOSQUE VESTIDO”. La obra final es ésta que aparece aquí debajo.

This is the case of the image that occupies us and its capacity to be invisible and to open the eyes of many visitors always surprises me. We are talking about “THE DRESSED FOREST”. The final work is the one that appears here below.

EL BOSQUE VESTIDO 0EL BOSQUE VESTIDO es una obra que se ha dado valor a sí misma. Ella sola se ha hecho notar y ocupar un lugar privilegiado en mi memoria. No por su dificultad de captura, de cálculo o de realización; por contra fue de las más sencillas. Pocas veces una obra ha llegado tan rápido de la captura a la obra final. Creo que se merece ser la primera obra de la que hablo en mi blog para compartir su vida con quienes quieran conocerla. EL BOSQUE VESTIDO nació el 25-12-2010 a las 12:10 horas en un lugar a trescientos metros del mar mediterráneo, en la costa española de Castellón. Era el día de navidad y nació de esta manera: Confusa y aparentemente sin foco.

THE DRESSED FOREST is a picture that has valued itself. On its own it has stood out and occupied a privileged place in my memory. Not for the shooting difficulty, the necessary calculations or production; it was actually one of the simplest. Only a few times has ever a collection got so quickly from the shooting to the final collection. I think it that it deserves to be the first collection I speak about in my blog so to share its life with those interested in knowing about it. THE DRESSED FOREST was created on the 25th of December at 12:10 around 300 metres above sea level on the Spanish Coastline of Castellón. It was Christmas day and was created in this way: Confused and apparently out of focus.

GD2V4496 2 el bosque vestido 5Dos días después, el 27, se comenzó el proceso hacia la obra final, dejándola preparada para los últimos ajustes a las 16:21 horas. Se quedó en estas condiciones:

Two days later, on the 27th, the final process was started to finish the job, leaving it ready for the last touches around 16:21. It was left in this condition:

GD2V4496 2 el bosque vestido 1El día 31-12-2010 a las 15:12 horas la obra estaba acabada y nunca más se tocó nada en ella. Se prepararon archivos para dos tamaños: 1×1 metros y 40×40 cms. Fue creada para la colección “Nidondios”.

On the 31st of December 2010 at 15:12 the job was done and nothing more was retouched. The files were prepared in two sizes: 1×1 metres and 40×40 cms. It was created for the “Nidondios” collection.

Cuando decidí darla por concluida estaba satisfecho con ella. Había conseguido que el espíritu del bosque, vestido de primavera, saliera de su disfraz de madera para ofrecernos el ramo de flores que llevaba en sus brazos. Pero yo quería algo más.

When I decided to conclude the collection I was satisfied with it. I was able to for the forest spirit, dressed as spring, to come out of its wooden costume to offer us a bouquet of flowers carried in arms. But I wanted something more.

Recuerdo que dando una conferencia sobre mi obra en una universidad de arte en la ciudad rusa de Chelyavinsk, mientras proyectaba en la pantalla de cine a mis espaldas diversas fotos de mis colecciones, y les explicaba que muchas veces mirábamos sin ver, un numeroso grupo de estudiantes decía que todo el mundo podía ver lo que había en las imágenes, en contra de mi afirmación de que frecuentemente no veíamos cosas muy evidentes ante nuestros ojos y no precisamente por pequeñas. Coincidió que en ese momento se proyectaba “EL BOSQUE VESTIDO” y allí la dejé a la vista mientras pacientemente pregunté a una veintena de ellos por lo que veían en la imagen. Todos parecían ver lo mismo: El Bosque era un señor con corona de flores, con un ramo en los brazos, con un ojo rojo, parecía como si todo él estuviera hecho con pétalos… Y se quedaron esperando por mi afirmación de que eso era lo que había allí proyectado, de que eso era todo lo que había. Pero el bosque estaba enamorado de una bella dama de piel negra como la noche que, desde la parte izquierda de la imagen, le daba un beso en la mejilla con sus preciosos labios rojos. Y nadie la había visto a pesar de ser del tamaño del hombre bosque. En la primera imagen mostrada está tan clara…

I remember giving a conference on my collection in a University of Arts in the Russian city of Chelyavinsk. Whilst various photos from my collection were being projected on a cinema screen right behind me and I explained how we often looked without seeing, a large group of students affirmed that everyone could see what was in the images, against my affirmation that frequently we could see the most obvious things right in front of us and not because of being small. Right at that moment the image “THE DRESSED FOREST” was being projected and I left it just there while I asked around twenty of them what they were actually seeing. They all seemed to see the same thing: The forest was a man with a crown of flowers, holding a bouquet of flowers, with a red eye and seemed to be all made up of petals…..they waited for my affirmation that was what was being projected, and that was all there was. But the forest was in love with a beautiful woman with black skin like night who, from the left of the image, was giving a kiss on the cheek with her beautiful red lips. And nobody had seen it, even thought it was the same size as the man of the forest. In the first image you can see it clearly…..

Y entonces la vieron. Descubrieron que estaba allí, que siempre había estado. Tan hermosa y tan quieta que para descubrirla deberían aceptar que lo evidente sólo es la máscara de la realidad.

And then they saw her. The discovered that she was there, that she always had been. So beautiful and so still that to discover her they had to accept the obvious is only the mask of reality

Las risas y los murmullos crecieron entre los estudiantes que no podían creer que ninguno hubiera caído en la belleza de la dama y su presencia.

The laughter and mumbling grew amongst the students who could not believe that nobody had fallen for the beauty of the woman and her presence.

Me hicieron repetir la proyección y entonces redescubrieron muchas cosas que antes no habían visto y que no estaban más ocultas que la dama del bosque. Se les había abierto la puerta por primera vez, y cuando la puerta se abre nunca más se cierra. Todos estábamos felices.

They made me repeat the projection and then they rediscovered many things that they hadn’t seen before and were not as hidden as the woman in the forest. The door opened for them for the first time, and when the door opens it never closes again. We were all happy.

Desde entonces EL BOSQUE VESTIDO ha hecho lo mismo con muchos espectadores, por eso es especial y por eso es la primera obra que viene a mi blog con el cariño que se merece.

From then on THE DRESSED FOREST has made the same impression on many spectators, that is why it is special and that is why it comes to my blog with love it deserves.

Me gustaría saber cuantos de Ustedes habían visto a la dama desde el primer, primer, primer momento; es una simple curiosidad.

I would like to know how many of you had seen the woman from the very first moment; it’s just curiosity.

Y… mmmm, ¿hay algo más que ver en ella?

And…..mmmm….Is there something else to see?

Valentín

La Nueva Fotografía

  En 2026 la fotografía celebrará el 200 aniversario de su descubrimiento. No es necesario hacer un listado sobre todas las cosas en que ha beneficiado a la humanidad, pero es fácil entender que sin el fuego, la rueda y la fotografía nuestro mundo sería muy diferente. Puede que tuviéramos que volver a 1800 para valorar el bienestar que disfrutamos gracias al descubrimiento de la imagen capturada. El mundo entero debería preparar una gran celebración.

En lo que nos toca, la fotografía cambió para siempre la vida de los pintores que tuvieron que sufrir su aparición: dejó a muchos de ellos sin trabajo. Algunos se pasaron al nuevo medio, otros intentaron sobrevivir como pudieron al lado de su competidor, los más curiosos miraron con lupa las nuevas imágenes impresas y de ahí sacaron ideas para intentar nuevos estilos pictóricos que la fotografía no tocaba aún; vinieron los impresionistas, aparecieron nuevos estilos… La pintura se vio forzada a avanzar, y vaya si lo hizo. Hoy todos somos hijos creativos de esta consecuencia.

EL ANIMAL EN EL ESPEJOTambién la fotografía encontró su propio camino, a veces imitativo de la pintura y a veces aprendió de sí misma y entró en terrenos propios y desconocidos. Y ha dejado un reguero de imágenes en las que nos hemos bautizado, que son nuestra historia y nuestra memoria. Por más que en ocasiones le hayan querido regatear el título de Bella Arte, parece irremediable que se lo ha ganado por derecho propio y que esto no tiene vuelta atrás.

Pero los hijos de la fotografía no somos puros, tenemos la genética mezclada. A diferencia de lo que ocurrió hace dos siglos, nosotros tenemos infectado nuestro pensamiento con múltiples disciplinas. Somos fotografía y pintura mezclados, nuestras influencias se han multiplicado gracias a los medios de comunicación, la televisión e internet. Somos poesía y escultura, la de aquí y la de cualquier otra parte del mundo. Los que han querido se han enriquecido con el pensamiento de culturas que antes eran desconocidas. Incluso sin pretenderlo nos hemos hecho más universales y entendemos poco a poco el significado de “la aldea global”. Nuestro pensamiento se ha vuelto más abstracto que lineal.

Las cosas ya no pueden ser como antes.

Desde incluso antes de los pictorialistas puedo dar una relación de más de cincuenta fotógrafos que me interesan. Algunos son referencias universales, otros sólo a medias y algunos bastante desconocidos. Busco con frecuencia viejos libros de fotografía en anticuarios para anotarme nuevas referencias de aquellos fotógrafos de las cavernas de los que vengo. Los miro como escucho la sinfonía Fausto de Listz o admiro el Ford T de 1908. Hoy prefiero otra música, Penderecki me parece increible, o el genial Carles Santos, que ha permitido que la productora vasca del film sobre mi obra “Realidad Simultánea” utilice su música, o el fallecido Messiaen que pone sus notas a volar como pájaros o mariposas a mi alrededor, y sin duda prefiero usar otros coches; pero aquello era maravilloso, admirable, respetable e impresionante. También con el Ford T llegaron Juan Gris y Kandinski, que traía el abstracto bajo el brazo y todo ello no era menos impactante y maravilloso; y Malevich nos metió de cabeza en otra dimensión. La confección de principios de siglo era otra cosa según afirmaban mis abuelos. No es que cualquier tiempo pasado fuera mejor, es que seleccionamos sus momentos álgidos, los grandes éxitos y los hacemos brillar al eliminar sus miserias; pero yo ya no bailo tangos, no me visto como ellos, no tengo su misma ética, ni estética, ni sus coches, ni su música, ni sus relaciones, ni su sistema social. No tengo sus ataduras, ni su moral, ni su escaso conocimiento en vivo y en directo del mundo y de otras culturas, ni su educación, ni su sentido del arte, ni sus frenos mentales, ni su concepto del tiempo, ni de la vida, ni de la muerte.

Yo no soy como ellos ni puedo serlo. Soy hijo de mi padre, pero no mi padre. He sido educado por mi padre pero no pienso como mi padre, no actúo como mi padre y no tengo su gusto, aunque le echo mucho de menos. Gracias a todo ese pasado que me ha traído hasta aquí, con todas sus circunstancias, he atravesado mi puerta para seguir adelante como consecuencia del pasado, pero sin ser el pasado.

EL REFUGIO DE LAS ALMAS DE PIEDRACon todo lo que admiro a los fotógrafos del pasado tampoco pienso o veo como ellos; ya no. Y su obra era perfecta para ellos pero yo ya no puedo vestir mi obra con sus trajes porque no son para mí. Sus referencias ahora no pueden ser las mías porque yo soy su consecuencia, la consecuencia de su esfuerzo y trabajo, de sus imágenes. Me han llenado de su esencia para descubrir una filosofía de la imagen y el espacio, de los colores, de lo espiritual, de lo físico y lo metafísico que es la mía, la que me corresponde, la propia de mi tiempo. Imitarles sería insultarles y hasta despreciar su legado.

No tengo nada contra la fotografía clásica o tradicional, basada en la captura directa, embellecida o no; tiene todo mi respeto y admiración si merece la pena o si es extraordinaria, como alguna cosa que he visto en directo de Sebastián Salgado o de Carlos Rodríguez últimamente y que me han hecho sentarme mudo un buen rato, pero la mayor parte de lo que veo me aburre solemnemente y no quiero ocultarlo. Siento que es viejo y que no aporta nada, que están en mi tiempo pero que parecen de otra época pasada, que es la repetición de las mismas jugadas y que no es para mi porque no me llegan al alma ni a que a través de ellas pueda expresar mis sentimientos; y se desvanecen en mi memoria como los rostros de las personas con las que me crucé hace un mes, pero sigo yendo a exposiciones a llenarme de lo que pueda. Internamente, confieso que, lo miro como quien contempla las ruinas de una civilización en un museo, e intento comprender por qué ese lenguaje se ha quedado obsoleto en mis emociones, pero la única respuesta es que lo que yo hago no puede ser así porque simplemente yo no lo soy. Lo amo y lo admiro, pero yo ya no lo vivo; ésta es toda mi justificación.

Mi obra no objetual, sin objetos reales reconocidos, es un paso adelante al que me siento obligado, no es una huida. Mi obra es lo que siento realmente cuando miro al mundo, es lo que quiero expresar, es el mundo que vive en mí. No sé si mi obra soy yo, pero sé que yo también soy eso. La realidad es sólo un experimento. Y así me comunico interiormente con el mundo que deseo construir, al que aspiro y que amo.

Mi obra es de mi tiempo, de eso no tengo dudas; no tengo más que mirar hacia atrás para ver la línea que me guía. Debe ser por eso que cada vez que comienzo una nueva obra me parece que estoy haciendo mi primera fotografía. Toda una experiencia mirar una obra y no saber si es ella la que me mira a mi. Es algo mágico.

Sobre Carlos Rodríguez

El pasado 25 de Septiembre de 2015 tuve el placer de comisariar una exposición de Carlos Rodríguez, fotógrafo gallego nacido en Arbo y residente en Vigo, inaugurada en el Museo Estatal Ruso de Arte, Historia y Etnografía en la ciudad de Chelyabinsk, capital del óblast del mismo nombre en los Urales del sur. La exposición se presentó como plato fuerte del Photofest internacional que se celebra en esa ciudad rusa y acaba de descolgarse hace unos días.

Su trabajo tuvo una acogida espectacular, de la que dan fe algunas de las imágenes que acompañan al artículo, entre las que incluyo unas pocas obras de las más de cuarenta expuestas en formatos cercanos al metro de ancho y hasta metro y medio. El texto incluido pertenece a la presentación del catálogo.

01IMG_5914IMG_5915IMG_5916Algunas de las imágenes expuestas pertenecientes a sus trabajos en Mexico D.F. y Madrid.

_DSC3262 a_DSC9953 aDSC_1239 aDSC_6518 aCon el Director del Museo, Sr Vladimir Bogdanovskyi y el Sr, Roberto Rivas, Comisario de exposiciones del Hermitage, Pushkin y otros museos rusos, ante la fachada del museo y en el interior del mismo.

img_4929img_4048Imágenes del interior de la sala.

122233333Texto de la presentación del catálogo.

“SILENCE AND CONCLUSIONS”

Cuando en septiembre de 2014, mientras preparaba el convenio de intercambio cultural entre la región rusa de Chelyabinsk y la provincia española de Castellón, el museo de Chelyabinsk me planteó proponer un fotógrafo español al Photofest internacional del año 2015, tuve muy pocas dudas o, más exactamente, ninguna.

Ocurre muy frecuentemente que desde fuera nos remarquen los valores que ignoramos dentro de nuestra propia patria, algo que ocurre en todas y cada una de las comunidades. En muchas ocasiones ese toque de atención hace que un valor desconocido para el público en general se convierta de la noche a la mañana en alguien respetado y admirado. Éste es uno de esos casos privilegiados en que una obra de un autor vivo, con una calidad y dimensiones descomunales ha salido del anonimato para bien de todos.

Haré un poco de historia.

Conocí a Carlos Rodríguez allá por 1983 en una visita que me hizo por su interés en mi obra. Supe entonces que trabajaba para revistas del motor, pero no fue hasta unas cuantas visitas después entre las que pasaron varios años que, una noche tras una cena, abrió una carpeta que escondía lejos de mis ojos y me puso encima de la mesa unas fotografías de paisajes tan delicadas como espectaculares y con una aproximación a la tierra tan particular que me quedé sin palabras. En sucesivos encuentros pude ver como su colección crecía e incluso en varias ocasiones fuimos juntos en busca del momento perdido. Recuerdo cómo en la cascada de Vieiros, una mañana gris, fría y lluviosa, de invierno, decidí no disparar mi cámara porque allí no había nada y, mientras la guardaba vi para mi asombro como Carlos se metía hasta la cintura en el río de agua terriblemente fría con su cámara de placas de 9×12 y el trípode. La plantó en el medio del cauce del río empapándose con la bruma que salía de la cascada e hizo varios disparos tras cambiar los cargadores de placas. Días después pude ver las placas reveladas y aún hoy sigo preguntándome, 20 años después, por qué yo no disparé. La imagen era milagrosa. Pocos tuvimos el placer de disfrutar de su genialidad en directo mientras él seguía acumulando imágenes año tras año. Y entonces casi por casualidad alguien desde fuera descubrió su obra.

En 1993 un japonés se encontró en una visita a Santiago de Compostela con un par de docenas de fotos ampliadas en una sala sobre una mesa de reuniones, en la que Carlos hacía una selección aprovechando el tiempo mientras esperaba por una reunión de trabajo. Aquel señor comenzó a dar vueltas alrededor de la mesa mirando todas y cada una de las fotos, preguntó por ellas, por su técnica, por la película empleada y se enteró de que eran placas de Fuji. Aquella persona que demostraba tanto interés por lo que veía era el Sr Maeda, a la sazón director de Fuji Europa. Esto ocurrió un viernes; el siguiente lunes Fuji contactó con Carlos y le ofreció la primera exposición individual de un autor en el Sonimag de aquel año en Barcelona. El merecido éxito de la misma catapultó al autor y su obra hasta el punto de que en su tierra, Galicia, se publicó en octubre de 1995 el libro “Galicia, instante eterno” que se convirtió en libro institucional de la comunidad y que en diciembre de ese mismo año recibió en Londres el premio a la mejor edición mundial. Galicia se merecía algo como eso y Carlos también.

Tras este primer libro se sucedieron en cadena las publicaciones que llevaban su firma y que se podrían calificar como referencias. Una larga lista que omitiré voluntariamente para no dejar el hilo de mi presentación.

Curiosamente en esta exposición que aquí se presenta no hay ni un solo paisaje. ¿Entonces de qué estamos hablando?

Encasillamos a los autores, creemos que Picasso sólo hizo cubismo, Kandinski nunca hizo otra cosa que abstracto, Carlos sólo hace paisajes… Falso, pero no deja de ser un cliché comúnmente aceptado de modo general.

Acreditado por sus paisajes, Carlos Rodríguez enseñaba como con un tímido “también hago esto” fotografías de edificios en ruinas o en construcción, siempre al límite de lo posible y tan personales como es de rigor en su caso. Esta faceta de su obra desarrollada en España, México, Francia, etc, nuevamente es más conocida fuera de su tierra que dentro y, al final, la propuesta hecha de su obra al museo se puede considerar una obra magistral para los autores rusos, con un inmenso patrimonio industrial en plena reconstrucción con abundantes señas aún de un pasado cercano que ha quedado obsoleto y no ha sido destruido, que permitirá décadas de fotografías asomándose por la ventana que les abre esta colección de imágenes de Carlos Rodríguez.

Estas potentes imágenes son de una enorme perfección clásica en lo que a su virtuosismo artesano se refiere. Me recuerdan el cuidado acabado de las imágenes de Sebastiao Salgado en “Génesis”. Pero lo que alimenta la emoción que producen es que los espacios sin gente no están vacíos completamente de humanidad, simplemente esperan la vuelta de los que se han ido, porque la calidez de lo humano no ha desaparecido de ellas, queda algo, como si fuera un perfume, que deja claro que este momento sólo es un lapsus y que pronto volverán los que se acaban de ir. Los que trabajan parecen no hacerlo, la estética de las imágenes hace que en ellas la belleza pueda más que el esfuerzo. Un obrero se asoma entre vigas, parece un modelo, parece una escena preparada; incluso los colores son exactos, los tonos perfectos y llenos de matices… demasiado bueno para aceptar que es una situación auténtica, pero es real y casi está viva la imagen. La estructura mojada por la lluvia, las protecciones movidas por el viento; hermoso ahora que está plasmado en una imagen, pero con el sentimiento de la inclemencia a flor de piel. La cálida quietud de la obra al final del día cuando los trabajadores se retiran, dejando la maquinaria tapada como si de monstruosos esqueletos se tratara, pero tapada con cuidado, cariñosamente, como buscando el bodegón que nadie admiraría si un ojo experto no encontrara entre tanto polvo y oscuridad una perla gris que nadie sabía que estaba allí. He aquí los objetos tratados como si estuvieran vivos y lo humano completamente integrado con la materia. Detrás de este hiperrealismo que oculta la realidad sólo quedan las imágenes del pensamiento, o la realidad simultánea. No hace falta ningún tipo de magia para mirar al futuro y decir que estas imágenes que vuelven a poner en escena a un autor con una nueva y potentísima obra para añadir a sus conocidos paisajes, van a colocarle en la historia en un lugar único y privilegiado que pocos en su tierra han alcanzado hasta el día de hoy. Pero la historia continúa, él sigue disparando.

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