Imprimiendo la colección «Enmedio 101» de Miguel Ángel Cruzado / Printing the collection «Enmedio 101» by Miguel Ángel Cruzado

La colección se imprimió y certificó en mi taller privado. De paso nos reimos un buen rato.

The collection was printed and certified in my private atelier. And we also had a great time!

Las ausencias de Miguel Ángel Cruzado / The absences of Miguel Angel Cruzado

He tenido el honor de ser invitado a escribir la introducción al catálogo de la exposición fotográfica “Enmedio 101”, del fotógrafo español Miguel Ángel Cruzado, recientemente galardonado con el premio nacional de fotografía Lux, en su apartado de arquitectura. La primera exposición será este año, 2019, en la Sala San Miguel – Fundación Caja Castellón, España.

Estoy realmente encantado con la invitación.

He aquí mi texto y algunas de las imágenes que serán mostradas en la exposición.

Gracias, Miguel.

Link a un video sobre la colección: https://www.youtube.com/watch?v=NKm4P2mnS9w

I had been honored with the invitation to write the introduction to the catalogue of the photographic exibition “Enmedio 101”, from the Spanish photographer Miguel A. Cruzado, recently prized with the Lux Photographic Award. First exhibition will be this year, 2019, in the Sala San Miguel – Fundación Caja Castellón, Spain.

I am really pleased to do it.

Here is my text and some of the pictures that will be shown in the exibition.

Thanks, Miguel.

Link to a video about the collection: https://www.youtube.com/watch?v=NKm4P2mnS9w

The English text will be found after the Spanish text.

LAS AUSENCIAS DE MIGUEL ÁNGEL CRUZADO

Llevo un buen rato mirando la colección con el privilegio de escrutar las fotos a mis anchas, en casa, con un café en la mano, escuchando la música que me apetece y tirado para atrás en mi silla preferida. No han tardado en empezar a  decirme cosas, muchas cosas.

Esto está lleno de ausencias.

Está lleno de la invisibilidad de lo que ya no existe.

Pero son huecos llenos de emociones.

Las emociones se contagian. Las tuyas, las suyas, me traen a la memoria las mías y con ellas la nostalgia de lo que ni tan siquiera sabía que añoraba.

Estos huecos vacíos, como muertos, llenos de memorias que no me pertenecen, me dejan presentir la vida que se les ha escapado. Y puedo comprender el dolor de sus ausencias porque siento el de las que yo guardo.

Esto ha dolido –¿eh, Miguel?–, porque los disparos parecen esperar que algo se mueva como siempre. Como cuando allí había voces y tus tías aseaban los pasillos, arreglaban el pequeño jardín, encendían el fuego y había luz en las ventanas. Y ahora las imágenes muestran esa soledad desgarradora, que se ha de sentir para que unas fotos tan poco rebuscadas, tan esenciales, tan mínimas, sean capaces de decir tanto. Estas imágenes de un viejo edificio, de unas ruinas casi, unas arquitecturas miradas como para no ser visto, como para no molestar, pasando de puntillas entre sus fantasmas –tus fantasmas–, son sentimientos que no se pueden disimular. Y lo has hecho bien, porque también nos duelen a los demás. Estos fantasmas los tenemos dentro todos los que ya hemos vivido alguna de esas no deseadas ausencias.

Estas fotos están hechas para aquellos seres humanos que ya pueden decir que han vivido, y no solo que están vivos.

No me extraña que unos trípticos de estas imágenes se hayan llevado los premios Lux de fotografía.

Me sobrecogen.

Para entenderlas es necesario ver, pero no un ver superficial, no un mirar y ya está. Es necesario ese “ver” que mira con más órganos que los ojos, que añade corazón para sentirlas, cerebro para comprenderlas y alma para ponerles vida con nuestra imaginación. De ese modo no solo se entienden las imágenes, también se te comprende a ti. Puede verse a Miguel pasear entre paredes de emociones, buscando las esencias de lo que allí hubo, los restos de ese perfume que te recuerda a alguien querido, y que para ti parece seguir habitando en la memoria de las cosas.

Y para quienes, como yo, conocen bien al Miguel fotógrafo, estas fotos también son un contrasentido.

Son la oposición al fotógrafo controlador, perfeccionista, que buscaba y rebuscaba las luces, que cambiaba  focos y contrastes no una, sino otra y otra y otra vez, que matizaba, que ajustaba, reajustaba, componía y recomponía la escena, los bodegones, los escenarios…, con una finura de estilo particular y reconocible. Un auténtico manipulador de los elementos, un profesional que sabe lo que hace y utiliza los recursos de su artesanía.

Y sin embargo aquí no hay nada de eso, de esa preparación, de esa intervención.

Aquí para ti todo estaba en su sitio. Cambiar un detalle era destruir la composición, hacer tambalearse la escena; peor aún: tocar algo era difuminar la pureza de los sentimientos. Todo es exactamente lo que era, todo está como estaba, y tú no has sido más que un testigo de que nada había cambiado. Esto es fotografía en estado puro, esto es mirar hacia fuera con un signo igual. Lo que hay ahí afuera y que captamos, debe corresponderse en el mundo de las emociones con algo que hay dentro de nosotros clavado intensamente, porque sin esa correspondencia, sin ese signo igual, estamos tan muertos como si las imágenes las hubiera capturado una cámara robotizada en cualquier esquina de una ciudad. Y eso no es lo que ocurre aquí.

Esto está vivo y habla.

Pero Miguel, no te escapas a ti mismo. Al final has caído en la trampa y te has metido hasta el cuello en un proceso más incontrolable que lo contrario. La cámara de 30 x 40 cm que te había dejado como despistada en un rincón de tu estudio, la pieza de museo fabricada en 1840 por Louis Pin en las afueras de París, catorce añitos después del nacimiento de la fotografía, ha vuelto a la vida y te ha seducido con sus curvas cuadradas y rotundas. La has acariciado como si fuera la lámpara de Aladino, y ha empezado a regalarnos imágenes al colodión húmedo como si viviéramos en el ayer. Tal vez la cámara sea hermana en el tiempo del edificio 101, con cuyas fotos hemos sido seducidos y raptados nosotros. Los ferrotipos encajan perfectamente entre sus paredes, complementan, ambientan, se integran de modo impensable con lo que pretenden el resto de las imágenes.

Me pregunto cuál de las dos ideas brilló primero, qué llevó a qué, quién inspiro a quién.

De cualquier modo he de aceptar que, haber caído en tu propia trampa, ha sido el acento perfecto para una exposición que, si ya era excepcional, con las muestras al colodión húmedo es toda una referencia.

A diferencia de las fotos del edificio, los viejos ferrotipos me trasladan al pasado, al pasado del edificio y su vida, a “su” pasado. Parece como que puedo vivirlo en los que fueron mis recuerdos, que no son estos. La Virgen en su hornacina, los viejos objetos, cables, sillas, cajas y lámparas, son a tus fotos nuevas del viejo edificio como jóvenes imágenes recién descolgadas… hace más de cien años.

No, estás fotos no son un acta notarial, no son una descripción topográfica de una realidad, no son parte de una memoria administrativa a la que se han grapado.

Al igual que un lápiz sirve para hacer la lista de la compra o para escribir un poema, para dibujar el sueño del más sabio de los hombres o garabatear “mamá” por primera vez, también con una cámara todos esos matices están a disposición de quien ha aprendido a usar los recursos que esconde, para expresar lo que está oculto en sus propios sentimientos y emociones.

Da miedo desnudarse tanto, porque mostramos nuestras debilidades, pero cuando a veces alguien se atreve y lo hace, la vida nos regala con cosas como esta exposición.

Disfrutarla es muy sencillo: párate y mira.

Es muy buena.

Muy buena.

Valentín González

THE ABSENCES OF MIGUEL ANGEL CRUZADO

Here I am, at home, tilted back in my favourite chair, looking at the collection, listening to some good music that catches my fancy, a cup of coffee in hand, with the privilege of scrutinizing the photos at ease. It isn’t long before they  started to tell me things, many things.

This is full of absences.

It’s full of the invisibility of what no longer exists.

But, they are hollows replete with emotions.

The emotions are transmitted. Yours, his, bring to mind my own, and with them the nostalgia of what I didn’t even realize I had missed.

These empty hollows, as if lifeless, full of memories that don’t belong to me, let me feel the life that had gone missing from them. I can understand the pain of their absences because I feel the ones that I keep.

That hurt – huh Miguel?–, because the shots seem to be waiting for movement as always. Like when once, voices could be heard there, and your aunts cleaned the hall, cleared up the small garden, lit the fire, and light reflected from the windows. Now, these images reflect this heartrending loneliness that must be felt from some photos taken with such innocence, photos that being so essential, so minimal, are capable of saying so much. These images of an old building, almost in ruins, architecture that looks like it shouldn’t be seen, so as to not disturb, passing through on tiptoes among its phantoms –your phantoms–, these are sentiments that you can’t hide.  And you did it well, because it also hurts others. These ghosts are inside all of us who have already experienced some of those unwanted absences.

These photos are made for those who can say they have lived, and not only that they are alive.

I’m not surprised that some triptychs of these images have won the Lux Photographic award.

I’m overwhelmed.

To understand them you have to look, but not just a superficial look, just a glance and that’s that. It is necessary this «seeing» that looks with many more organs than the eyes, that adds heart to feel them, brain to understand them and soul to give them life with our imagination. That way, we don’t only understand the images, but we also understand yourself. You can see Miguel walking through walls of emotions, looking for the essences of what was once there, the remains of that perfume that reminds you of someone you love, and that for you, seems to live in the memory of all the things.

And for those who, like me, know the photographer Miguel well, these photos are also a contradiction.

They are the opposition to the controlling photographer, perfectionist, who sought and sought the lights, who changed focuses and contrasts not once, but over and over again, who shaded, who adjusted, readjusted, composed and recomposed the scene, the still-life’s, the stages…, with a fineness of particular and recognizable style. An authentic manipulator of the elements, a professional who knows what he is doing and uses the resources of his craftsmanship.

And yet here there is nothing of that, of that preparation, of that intervention.

Everything was in place here for you. To change one small detail was to destroy the composition, unstable the scene; worse still: to touch something was to blur the purity of feelings. Everything is exactly what it was, everything is as it was, and you have been nothing more than a witness that nothing had changed. This is pure photography. What is out there and what we capture must correspond in the world of emotions with something that is inside us, nailed intensely, because, without that correspondence, we are as dead as if the images had been captured by a robotic camera in any corner of a city. And that’s not what happens here.

This is alive and talking.

But Miguel, you can’t escape from yourself. In the end, you have fallen into the trap, and you are up to your neck in a process more uncontrollable than not. The 30 x 40 cm camera that I had left you as forgotten in a corner of your studio, the museum piece made in 1840 by Louis Pin on the outskirts of Paris, fourteen years after the birth of photography, has come back to life and has seduced you with its square and categorical curves. You caressed it as if it was an Aladdin’s lamp and it began to give us images of the wet collodion plate process, as if we lived in the past. Perhaps the camera is a sister in the times of the building 101, with whose photos we have been seduced and kidnapped. The ferrotypes fit perfectly between its walls, they complement, decorate and integrate in an unthinkable way with what the rest of the images pretend.

I wonder which of the two ideas came through first, what led to what, who inspired whom.

Anyway, I have to accept that, having fallen into your own trap, has been the perfect touch for an exhibition that was already exceptional, but, with the wet collodion plate samples, it’s the perfect reference.

Unlike the photos of the building, the old ferrotypes took me back in time to the past, to the past of the building and its life, to “its” past. It seems like I can live it in those that were my memories, which are not these. The Virgin in her niche, the old objects, cables, chairs, boxes, and lamps, are to your recently taken photos of the old building, like young images recently taken down… more than a hundred years ago. No, these photos are not a notarial deed, they are not a topographical description of reality, and they are not part of an administrative memory to which they have been stapled.

Like a pencil that is used to write the shopping list, or to write a poem, to draw the dream of the wisest of men, or scribble “mama” for the first time, all these things are also available to whom has learned to use the resources that is concealed within, to express what is hidden in its own feelings and emotions. Baring oneself so much can be frightening, because we show our weaknesses, but when sometimes someone dares to do it, life gives us gifts like this exhibition. Enjoying it is very simple: stop and look.

It’s very good.

Very good.

By Valentin Gonzalez

Translated to English by the great Sandra Crundwell

Historia de una cámara de 180 años / History of a 180-year-old camera

Hablar en 2018 de una cámara que tiene 180 años, significa hablar de un aparato que ha visto pasar casi toda la historia de la fotografía ante su objetivo, porque he de recordar que, en estas fechas, aún no se han cumplido los doscientos años desde su descubrimiento (1826).

If I speak about a camera that is 180 years old, now, in 2018 will mean talking about a device that has seen almost all the history of photography pass through its lens, because I must remember that, to date, the two hundred years since its discovery has not yet been fulfilled (1826).

Es difícil que una historia como la que voy a contar se pueda repetir en la actualidad –yo diría que es imposible–. Hablaré brevemente de una cámara y dos familias que, sorprendentemente, han estado relacionadas de algún modo por este extraordinario aparato del que soy el último propietario, hasta el momento.

It is difficult that a story like the one I am about to tell be repeated today –I would say it is impossible–. I will speak briefly of a camera and two families that, surprisingly, have been related in some way by this extraordinary apparatus of which I am the last owner, so far.

La cámara de la fotografía, de formato 30 x 40 cm., fue encargada por el fotógrafo Juan Peinado Gómez, allá por 1840, a Louis Pin, un fabricante de Vaucresson, a 18 km. de París. Juan Peinado tenía entonces 20 años y junto con su esposa Rafaela Alonso abrieron un estudio fotográfico en la ciudad de Valladolid, España, y esa era la cámara que usarían en su galería.

The photographic camera here shown, with a format of  30 x 40 cm., was ordered by the photographer Juan Peinado Gómez, back in 1840, from Louis Pin, a manufacturer of Vaucresson, 18 km. from Paris. Juan Peinado was then 20 years old and together with his wife Rafaela Alonso, opened a photo studio in the city of Valladolid, Spain, and that was the camera they would use from then on in their gallery.

En 1882, tras una visita a la ciudad de Gijón, situada en Asturias, en el norte de la península y a orillas del mar Cantábrico, decidieron establecer su estudio en dicha ciudad, y a ella se mudaron, cambiando la ciudad del interior por una ciudad costera. Su hijo –Julio Peinado–, que cuando llegó a Gijón tenía 13 años, colaboraba en el estudio de su padre, pero a los 19 años se casó y para no entrar en competencia con su progenitor se trasladó a la vecina ciudad de Oviedo, capital de la provincia, situada a tan solo 27 kilómetros de distancia. Corría entonces el año 1888.

In 1882, after a visit to the city of Gijón, located in Asturias, in the north of the peninsula and on the shores of the Cantabrian Sea, they decided to establish their studio and moved there, but changing the inland town to a town on the coast. When his son Julio Peinado arrived in Gijón he was 13 years old, he helped his father in his studio, but when he reached 19 he got married and, in order not to enter into competition with his father, he moved to the neighboring city of Oviedo, the capital of the province, located only 27 kilometers away. The year was 1888.

Rafaela, hija de Julio Peinado, retratada por su padre / Rafaela, daughter of Julio Peinado, portrayed by her father.

En 1893, una vez retirado su padre, volvemos a encontrarnos con Julio Peinado en la ciudad de Gijón. Se había instalado en el número 41-43 de la calle Corrida, en pleno centro, en la planta más alta de un edificio –para usar la luz solar de la galería acristalada–, y que contaba con ascensor, según anunciaba la publicidad del estudio.

In 1893, once his father retired, we can find Julio Peinado, again, in the city of Gijón. He had moved to 41-43 Corrida Street, right in the center of the city, on the top floor of a building –so that he could make the most of the sunlight of the conservatory–, and according to the advertisement of the studio, it also had an elevator.   

Rafaela sentada sobre la cámara en 1903 / Rafaela seated on the camera in 1903.

Julio Peinado fue un reconocido fotógrafo en su época, e incluso el Museo de Bellas Artes de Asturias tiene en su colección obras del mismo. En múltiples ocasiones utilizó como modelo a su hija Rafaela, con cuyas fotos obtuvo varios renombrados premios nacionales entre 1905 y 1915. Mantuvo su estudio en el mismo edificio hasta 1936, año en que estalló la guerra civil en España. Y aquí parece terminarse la historia de esta familia en relación con la fotografía, porque ni su hija Rafaela Peinado, ni su nieto Julio se inclinaron por esta profesión como modo de vida.

Julio Peinado was a renowned photographer in his time, and even the Museum of Fine Arts of Asturias has some works of his in its collection. On many occasions he used his daughter Rafaela as a model, obtaining several renowned national prizes of these photos between 1905 and 1915. He kept his studio in the same building until 1936, the year in which the civil war broke out in Spain. And where photography is concerned, this is where the story of this family seems to end, because neither his daughter Rafaela Peinado, nor his grandson Julio was inclined to carry on with this profession as a means of living.

Mi amiga Lili, tataranieta de Julio Peinado / My friend Lili, Julio Peinado´s great-great-granddaughter.

En 1936 traspasó el estudio a Ángel González Pérez, mi abuelo, quien ya trabajaba como fotógrafo desde 1927, y que como consecuencia adquirió la cámara de la que hablamos. Dos de sus hijos, Dimas y Pedro, siguieron con la profesión, e incluso dos de sus nietos continuaron la tradición. Mi primo Ángel, también es fotógrafo.

In 1936 he transferred the studio to Ángel González Pérez, my grandfather, who had already been working as a photographer since 1927, and as a consequence, my grandfather bought the camera in question. Two of his sons, Dimas and Pedro, continued on with the profession, and even two of his grandchildren continued the tradition. My cousin Angel is also a photographer.

Vi trabajar la cámara por última vez en 1975, tras lo que se arrinconó con cariño y respeto por todo lo que había visto y capturado. Viajó conmigo por distintas ciudades en mis varios traslados y parecía que no volvería a ser utilizada nunca más. Desde 2011 la cámara estaba guardada en el estudio de mi amigo y fotógrafo Miguel Cruzado, en la ciudad de Castellón, quien para mi sorpresa me pidió permiso en 2018 para volverla a la vida haciendo capturas al colodión húmedo. Las ópticas originales siguen trabajando, dando resultados sorprendentes y el formato 30 x 40 cm. es un tamaño perfecto para esta técnica.

The last time I saw the camera in function for the last time was in 1975, after which it was stored away with love and respect for everything it had seen and captured. It travelled with me through different cities every time I moved and I thought that it would never be used again. The camera has been stored in my photographer friend Miguel Cruzado’s studio since the year 2011 situated in the city of Castellon. To my surprise, in 2018 he asked me for permission to bring it back to life again, by taking photographs using the collodion wet plate process. The original lenses are still working, giving out some extraordinary results, and the 30 x 40 format is the perfect size for this technique.

Una cámara y seis generaciones de fotógrafos / One camera and six generations of photographers.

No solo me alegré yo de este nuevo revivir, sino que estoy seguro de que Juan, Julio, Ángel, Dimas, Pedro –allá donde estén– y mi primo Ángel también están felices.

I was not only happy of its coming back to life again, but I am sure that Juan, Julio, Angel, Dimas, Pedro –wherever they are–, and also my cousin Angel are also happy about it. 

Miguel Cruzado con Lili y su foto al colodión humedo / Miguel Cruzado with Lili and her wet colodium plate.

Y ahora debo decir que la tradición fotográfica termina con nosotros en esta familia, ya que no tenemos sucesores dentro del gremio.

Sin embargo la familia de Juan Peinado no desaparece de la historia. Parece que Celia, la biznieta de Rafaela, tataranieta de Julio, el hijo de Juan Peinado, sigue con la fotografía y tiene un estudio abierto. La pelota ha vuelto a caer en su tejado.

I’m sorry to say that now this tradition of photography ends with us in this family because we don’t have any successors within the profession.

Nevertheless, Juan Peinado’s family are not disappearing from this history. It seems that Celia, Rafaela’s great-granddaughter and Julio’s great-great-granddaughter, has continued in the profession of photography and has opened a studio. The ball has now fallen in her court.  

Tres generaciones de la familia Peinado. Marina, Celia y Lili / three generations of the Peinado family. Marina, Celia and Lili.

Curiosamente las nietas de Rafaela –Begoña y Lili–, y yo, nacimos prácticamente a la vez, en domicilios muy cercanos, fuimos amigos desde que nacimos y casi, casi, diría que fuimos amamantados por nuestras madres mientras conversaban.

Curiously, Rafaela’s granddaughters –Begoña and Lili–, and I were born practically at the same time, in houses very near to each other, we had been friends since we were born, and I would almost, almost say that we had been breastfed by our mothers while they held conversations with each other.

Con mi querida Marina. 97 años llenos de energía / Me and my beloved Marina. 97 years full of energy.

Así que le he pedido a Lili que guarde la cámara en su casa de Gijón por unos años, para que el viejo y venerable aparato siga siendo testigo de la historia de la fotografía en nuestras familias. Esto no ha terminado…

A ver qué pasa.

So, I asked Lili if she could keep the camera in her place in Gijon for a few years so that the old venerable machine can still be a witness to the history of the photography in our families. This has not ended…

Let’s see what happens.

Translated to English by «Speedy» Sandra Crundwell.

Sobre François Gillet

(The English translation is posted at the end)

Francois Gillet es francés de nacimiento (1949), aunque ha estudiado Arte en Bournemouth y vivido y trabajado en Suecia mucho tiempo.

Imagen 8

La primera vez que tuve conocimiento de su trabajo fue a través del nº 1 de la revista Zoom española. Allí se hablaba y mostraban fotos de uno de sus libros de 1981, era el primero de ellos y se titulaba “El álbum de Francois Gillet”; las fotos estaban disparadas en placa de 20×25 y presentaban una calidad extraordinaria que me embrujó desde la primera visión. En aquel tiempo resultaba muy difícil poder acceder a más imágenes que las publicadas en medios especializados, y me resultó imposible conseguir incluso uno de aquellos libros que se agotaron rápidamente y que, al menos que yo sepa, no se re-editaron.

98f1fd26807223.563706cf9e6dead750726804287.55f8802a9ccccd3455226804287.55d19a65902c1f3019526804287.5635ab52b42ae

Pero quisieron las circunstancias que pocos años más tarde coincidiéramos dando unas conferencias en Palma de Mallorca, invitados por un conocido laboratorio, donde también nos acompañaba Ed White. El encuentro fue realmente interesante, pudimos ver muchos nuevos trabajos de Francois -alguno de ellos hoy traídos a la memoria con este artículo-, tuvimos la oportunidad de hablar entre bastidores tras algún almuerzo y hacer fotos de las nubes con una linterna a altas horas de la noche con Ed White a quien he perdido la pista, pero de quien recuerdo sus extraordinarias fotos para una marca de tabaco ya entonces trabajadas digitalmente. Estoy hablando de 1985 poco más o menos.

Entre otras cosas recuerdo que Francois estaba a punto de cambiar todas sus ópticas 20×25 de Schneider por las de otra marca (Nikon creo), para ganar un diafragma más cerrado en toda la gama. Trabajaba iluminando con un Cumulite de Broncolor y pequeños reflectores metálicos que le proporcionaban el ambiente tan irrepetible de todo su trabajo. Todo su entorno era tan artesano que lo más fuera de lugar parecía la cámara de placas, una Sinar P2 y la iluminación. Si la cámara fuera de madera y la iluminación con velas todo parecería estar en su sitio.

7a838c26462453.563558a8ca31794246f26399583.563557d35abfca5309e26399583.56365670c4567LM00272040787LM00272040844LM00272040847

Vivía entonces en Malmö, en el sur de Suecia, en medio de un lago que se helaba en invierno y obligaba a usar barco en verano para acceder a su casa. Cuando le hice ver la dificultad para que los clientes llegasen hasta allí, me hizo comprender que el que llegaba era porque realmente quería su trabajo y no hubo más discusión.

Entre las nuevas cosas que nos mostró había imágenes sorprendentemente cubistas, pintadas sobre la misma realidad a capturar, bodegones inexplicables, pequeños escenarios teatrales tan exquisitos que sólo se comprenden si se ven. Y un ojo para el perfume de Paloma Picasso que me dejó sentado. Lo tengo dedicado a buen recaudo.

2a454726399583.56354c8141b8e3c3d9326462453.563558b0b1a246a8b8a26300939.563542d73514baf34cf26300939.563547d10aa67da5dda26807223.5635acb52b663f2b4da26462453.563558b0bee67

\r\nFrancois era de la zona de Calvados, lo que aún hoy tiene sin resolver la cuestión de donde se hace el mejor brandi de manzana, si en Asturias, mi tierra, o en la suya. Incluso hace unos tres años que en un nuevo contacto la cosa seguía levantando ampollas. Andaba entonces Francois por Marruecos, creo recordar, haciendo fotografías de paredes rocosas en una zona cuyo nombre no recuerdo, pero quiso la casualidad que entonces también yo estuviera por los países del este enfrentándome a paredes buscando… lo mismo que él: figuras y rostros para mi realidad simultánea; si bien el tratamiento era completamente diferente. De aquella última conversación saqué una dirección en internet en la que pude acceder a algunas de sus nuevas imágenes, tan impresionantes como las primeras que recuerdo. Aquí se puede ver algo de su obra: http://www.artipolis.com/francoisgillet/\r\n\r\ny en su web: francoisgillet.com\r\n

Y mencionaré un corto video sin desperdicio que he visto en You tube:

\r\nhttps://www.youtube.com/watch?v=UkumqJKT15U&feature=player_detailpage\r\n

Para quien no conozca su obra, poder admirar su trabajo es una puerta abierta a emociones altamente estimulantes. Su obra es un regalo inestimable.

29_8527763953e426533407.56356a5a273aee96a5526533407.56356c8f5246623b516aPara evitar dudas ya advierto que no es Photoshop. Todo está hecho en la escena y sobre el mismo objeto o modelo. Un trabajo que requiere tiempo, conocimiento, paciencia y buen gusto, mucho gusto.

Estas imágenes están sacadas de su web.

English translation

Francois Gillet was born in France in 1949 but he studied art in Bournemouth and has lived and worked for a long time in Sweden.

The first time I heard about his work was through the first edition of the Spanish magazine “Zoom”. Here they spoke about and printed photos from one of his books from 1981, this was one of his first works and was named “The album of Francois Gillet”; the photographs were shot on 20×25 slates and were of an extraordinary quality that bewitched me from the first sight. In those times it was very difficult to get hold of more images other than those published in specialized publications and it was nearly impossible for me to purchase one of his books which sold out almost immediately and, as far as I know, were not re-edited.

Due to circumstances, a few years later we would coincide during some conferences in Palma de Mallorca, invited by a famous laboratory, where we were also accompanied by Ed White. The Meeting was really interesting; we got to see many new pieces from the Francois collection, some of these brought back to the memory in this publication. We got the opportunity to speak privately after some lunch breaks and to take photos of clouds with a flashlight late at night with Ed White whom I have now lost trace but who I remember well thanks to some extraordinary photos taken for a brand of tobacco which were even then worked digitally. I’m speaking about 1985 more or less.

Among other things, I remember how Francois was about to change all his Schneider lenses 20×25 to another brand (Nikon, I think), all this to gain an extra closed diaphragm in the whole range. He worked with Broncolor Cumulite lighting and small metallic reflectors which gave him that ambience so unique to his collection. His whole environment was so old-fashioned that the most unusual object was actually his mechanical camera, a Sinar P2 and the lighting. If the camera was made of wood and all lighted by candles, everything would look in its place.

He then lived in Malmö, in the south of Sweden, in the middle of a lake that froze over in winter and had to use a boat in summer to reach his house. When I made him see the difficulty that his clients had to reach him, he made me understand that, who got to him, got there because they were really interested in his work and that’s where our discussion ended.

Among the new work he showed us, there were surprisingly some cubist images, painted upon same reality to be captured, unexplainable taverns, small theatre scenes so exquisite that you can only understand them if you see them. And an eye for the perfume of Paloma Picasso which left me seated. I have it dedicated and kept safely.

Francois was from the Calvados area, which to this day he still does not know where the best apple brandy is made, either in Asturias, my homeland, or in his. Even three years ago, the same thing kept lifting blisters. Francois was at that time in Morocco, as I remember, taking photos of rocky walls in an area whose name I can’t remember, but a fate has it, I was to in the eastern countries at that time, up against walls looking for…..the same as him: figures and faces for my simultaneous reality; of course, the treatment was completely different. From that last conversation, I retrieved an internet address where I could access some of his new images, just as impressive as the first that I can recall. Here you can see some of his work: http://www.artipolis.com/francoisgillet/

And his website: francoisgillet.com

And I will mention a short video which I have seen on Youtube:

For those who don’t know his work, they can admire his collection on an open day with highly stimulating emotions. His work is a priceless gift. To avoid doubt, I warn you that it is not Photoshop. Everything was made on the original scene with the exact model or object. A collection that needs time, knowledge, patience and good taste, very good taste.

These images are taken from his web.

Sobre Carlos Rodríguez

El pasado 25 de Septiembre de 2015 tuve el placer de comisariar una exposición de Carlos Rodríguez, fotógrafo gallego nacido en Arbo y residente en Vigo, inaugurada en el Museo Estatal Ruso de Arte, Historia y Etnografía en la ciudad de Chelyabinsk, capital del óblast del mismo nombre en los Urales del sur. La exposición se presentó como plato fuerte del Photofest internacional que se celebra en esa ciudad rusa y acaba de descolgarse hace unos días.

Su trabajo tuvo una acogida espectacular, de la que dan fe algunas de las imágenes que acompañan al artículo, entre las que incluyo unas pocas obras de las más de cuarenta expuestas en formatos cercanos al metro de ancho y hasta metro y medio. El texto incluido pertenece a la presentación del catálogo.

01IMG_5914IMG_5915IMG_5916Algunas de las imágenes expuestas pertenecientes a sus trabajos en Mexico D.F. y Madrid.

_DSC3262 a_DSC9953 aDSC_1239 aDSC_6518 aCon el Director del Museo, Sr Vladimir Bogdanovskyi y el Sr, Roberto Rivas, Comisario de exposiciones del Hermitage, Pushkin y otros museos rusos, ante la fachada del museo y en el interior del mismo.

img_4929img_4048Imágenes del interior de la sala.

122233333Texto de la presentación del catálogo.

“SILENCE AND CONCLUSIONS”

Cuando en septiembre de 2014, mientras preparaba el convenio de intercambio cultural entre la región rusa de Chelyabinsk y la provincia española de Castellón, el museo de Chelyabinsk me planteó proponer un fotógrafo español al Photofest internacional del año 2015, tuve muy pocas dudas o, más exactamente, ninguna.

Ocurre muy frecuentemente que desde fuera nos remarquen los valores que ignoramos dentro de nuestra propia patria, algo que ocurre en todas y cada una de las comunidades. En muchas ocasiones ese toque de atención hace que un valor desconocido para el público en general se convierta de la noche a la mañana en alguien respetado y admirado. Éste es uno de esos casos privilegiados en que una obra de un autor vivo, con una calidad y dimensiones descomunales ha salido del anonimato para bien de todos.

Haré un poco de historia.

Conocí a Carlos Rodríguez allá por 1983 en una visita que me hizo por su interés en mi obra. Supe entonces que trabajaba para revistas del motor, pero no fue hasta unas cuantas visitas después entre las que pasaron varios años que, una noche tras una cena, abrió una carpeta que escondía lejos de mis ojos y me puso encima de la mesa unas fotografías de paisajes tan delicadas como espectaculares y con una aproximación a la tierra tan particular que me quedé sin palabras. En sucesivos encuentros pude ver como su colección crecía e incluso en varias ocasiones fuimos juntos en busca del momento perdido. Recuerdo cómo en la cascada de Vieiros, una mañana gris, fría y lluviosa, de invierno, decidí no disparar mi cámara porque allí no había nada y, mientras la guardaba vi para mi asombro como Carlos se metía hasta la cintura en el río de agua terriblemente fría con su cámara de placas de 9×12 y el trípode. La plantó en el medio del cauce del río empapándose con la bruma que salía de la cascada e hizo varios disparos tras cambiar los cargadores de placas. Días después pude ver las placas reveladas y aún hoy sigo preguntándome, 20 años después, por qué yo no disparé. La imagen era milagrosa. Pocos tuvimos el placer de disfrutar de su genialidad en directo mientras él seguía acumulando imágenes año tras año. Y entonces casi por casualidad alguien desde fuera descubrió su obra.

En 1993 un japonés se encontró en una visita a Santiago de Compostela con un par de docenas de fotos ampliadas en una sala sobre una mesa de reuniones, en la que Carlos hacía una selección aprovechando el tiempo mientras esperaba por una reunión de trabajo. Aquel señor comenzó a dar vueltas alrededor de la mesa mirando todas y cada una de las fotos, preguntó por ellas, por su técnica, por la película empleada y se enteró de que eran placas de Fuji. Aquella persona que demostraba tanto interés por lo que veía era el Sr Maeda, a la sazón director de Fuji Europa. Esto ocurrió un viernes; el siguiente lunes Fuji contactó con Carlos y le ofreció la primera exposición individual de un autor en el Sonimag de aquel año en Barcelona. El merecido éxito de la misma catapultó al autor y su obra hasta el punto de que en su tierra, Galicia, se publicó en octubre de 1995 el libro “Galicia, instante eterno” que se convirtió en libro institucional de la comunidad y que en diciembre de ese mismo año recibió en Londres el premio a la mejor edición mundial. Galicia se merecía algo como eso y Carlos también.

Tras este primer libro se sucedieron en cadena las publicaciones que llevaban su firma y que se podrían calificar como referencias. Una larga lista que omitiré voluntariamente para no dejar el hilo de mi presentación.

Curiosamente en esta exposición que aquí se presenta no hay ni un solo paisaje. ¿Entonces de qué estamos hablando?

Encasillamos a los autores, creemos que Picasso sólo hizo cubismo, Kandinski nunca hizo otra cosa que abstracto, Carlos sólo hace paisajes… Falso, pero no deja de ser un cliché comúnmente aceptado de modo general.

Acreditado por sus paisajes, Carlos Rodríguez enseñaba como con un tímido “también hago esto” fotografías de edificios en ruinas o en construcción, siempre al límite de lo posible y tan personales como es de rigor en su caso. Esta faceta de su obra desarrollada en España, México, Francia, etc, nuevamente es más conocida fuera de su tierra que dentro y, al final, la propuesta hecha de su obra al museo se puede considerar una obra magistral para los autores rusos, con un inmenso patrimonio industrial en plena reconstrucción con abundantes señas aún de un pasado cercano que ha quedado obsoleto y no ha sido destruido, que permitirá décadas de fotografías asomándose por la ventana que les abre esta colección de imágenes de Carlos Rodríguez.

Estas potentes imágenes son de una enorme perfección clásica en lo que a su virtuosismo artesano se refiere. Me recuerdan el cuidado acabado de las imágenes de Sebastiao Salgado en “Génesis”. Pero lo que alimenta la emoción que producen es que los espacios sin gente no están vacíos completamente de humanidad, simplemente esperan la vuelta de los que se han ido, porque la calidez de lo humano no ha desaparecido de ellas, queda algo, como si fuera un perfume, que deja claro que este momento sólo es un lapsus y que pronto volverán los que se acaban de ir. Los que trabajan parecen no hacerlo, la estética de las imágenes hace que en ellas la belleza pueda más que el esfuerzo. Un obrero se asoma entre vigas, parece un modelo, parece una escena preparada; incluso los colores son exactos, los tonos perfectos y llenos de matices… demasiado bueno para aceptar que es una situación auténtica, pero es real y casi está viva la imagen. La estructura mojada por la lluvia, las protecciones movidas por el viento; hermoso ahora que está plasmado en una imagen, pero con el sentimiento de la inclemencia a flor de piel. La cálida quietud de la obra al final del día cuando los trabajadores se retiran, dejando la maquinaria tapada como si de monstruosos esqueletos se tratara, pero tapada con cuidado, cariñosamente, como buscando el bodegón que nadie admiraría si un ojo experto no encontrara entre tanto polvo y oscuridad una perla gris que nadie sabía que estaba allí. He aquí los objetos tratados como si estuvieran vivos y lo humano completamente integrado con la materia. Detrás de este hiperrealismo que oculta la realidad sólo quedan las imágenes del pensamiento, o la realidad simultánea. No hace falta ningún tipo de magia para mirar al futuro y decir que estas imágenes que vuelven a poner en escena a un autor con una nueva y potentísima obra para añadir a sus conocidos paisajes, van a colocarle en la historia en un lugar único y privilegiado que pocos en su tierra han alcanzado hasta el día de hoy. Pero la historia continúa, él sigue disparando.

DSC_1548 aDSC_3051 aDSC_3122 aDSC_7983 a