La Nueva Fotografía

  En 2026 la fotografía celebrará el 200 aniversario de su descubrimiento. No es necesario hacer un listado sobre todas las cosas en que ha beneficiado a la humanidad, pero es fácil entender que sin el fuego, la rueda y la fotografía nuestro mundo sería muy diferente. Puede que tuviéramos que volver a 1800 para valorar el bienestar que disfrutamos gracias al descubrimiento de la imagen capturada. El mundo entero debería preparar una gran celebración.

En lo que nos toca, la fotografía cambió para siempre la vida de los pintores que tuvieron que sufrir su aparición: dejó a muchos de ellos sin trabajo. Algunos se pasaron al nuevo medio, otros intentaron sobrevivir como pudieron al lado de su competidor, los más curiosos miraron con lupa las nuevas imágenes impresas y de ahí sacaron ideas para intentar nuevos estilos pictóricos que la fotografía no tocaba aún; vinieron los impresionistas, aparecieron nuevos estilos… La pintura se vio forzada a avanzar, y vaya si lo hizo. Hoy todos somos hijos creativos de esta consecuencia.

EL ANIMAL EN EL ESPEJOTambién la fotografía encontró su propio camino, a veces imitativo de la pintura y a veces aprendió de sí misma y entró en terrenos propios y desconocidos. Y ha dejado un reguero de imágenes en las que nos hemos bautizado, que son nuestra historia y nuestra memoria. Por más que en ocasiones le hayan querido regatear el título de Bella Arte, parece irremediable que se lo ha ganado por derecho propio y que esto no tiene vuelta atrás.

Pero los hijos de la fotografía no somos puros, tenemos la genética mezclada. A diferencia de lo que ocurrió hace dos siglos, nosotros tenemos infectado nuestro pensamiento con múltiples disciplinas. Somos fotografía y pintura mezclados, nuestras influencias se han multiplicado gracias a los medios de comunicación, la televisión e internet. Somos poesía y escultura, la de aquí y la de cualquier otra parte del mundo. Los que han querido se han enriquecido con el pensamiento de culturas que antes eran desconocidas. Incluso sin pretenderlo nos hemos hecho más universales y entendemos poco a poco el significado de “la aldea global”. Nuestro pensamiento se ha vuelto más abstracto que lineal.

Las cosas ya no pueden ser como antes.

Desde incluso antes de los pictorialistas puedo dar una relación de más de cincuenta fotógrafos que me interesan. Algunos son referencias universales, otros sólo a medias y algunos bastante desconocidos. Busco con frecuencia viejos libros de fotografía en anticuarios para anotarme nuevas referencias de aquellos fotógrafos de las cavernas de los que vengo. Los miro como escucho la sinfonía Fausto de Listz o admiro el Ford T de 1908. Hoy prefiero otra música, Penderecki me parece increible, o el genial Carles Santos, que ha permitido que la productora vasca del film sobre mi obra «Realidad Simultánea» utilice su música, o el fallecido Messiaen que pone sus notas a volar como pájaros o mariposas a mi alrededor, y sin duda prefiero usar otros coches; pero aquello era maravilloso, admirable, respetable e impresionante. También con el Ford T llegaron Juan Gris y Kandinski, que traía el abstracto bajo el brazo y todo ello no era menos impactante y maravilloso; y Malevich nos metió de cabeza en otra dimensión. La confección de principios de siglo era otra cosa según afirmaban mis abuelos. No es que cualquier tiempo pasado fuera mejor, es que seleccionamos sus momentos álgidos, los grandes éxitos y los hacemos brillar al eliminar sus miserias; pero yo ya no bailo tangos, no me visto como ellos, no tengo su misma ética, ni estética, ni sus coches, ni su música, ni sus relaciones, ni su sistema social. No tengo sus ataduras, ni su moral, ni su escaso conocimiento en vivo y en directo del mundo y de otras culturas, ni su educación, ni su sentido del arte, ni sus frenos mentales, ni su concepto del tiempo, ni de la vida, ni de la muerte.

Yo no soy como ellos ni puedo serlo. Soy hijo de mi padre, pero no mi padre. He sido educado por mi padre pero no pienso como mi padre, no actúo como mi padre y no tengo su gusto, aunque le echo mucho de menos. Gracias a todo ese pasado que me ha traído hasta aquí, con todas sus circunstancias, he atravesado mi puerta para seguir adelante como consecuencia del pasado, pero sin ser el pasado.

EL REFUGIO DE LAS ALMAS DE PIEDRACon todo lo que admiro a los fotógrafos del pasado tampoco pienso o veo como ellos; ya no. Y su obra era perfecta para ellos pero yo ya no puedo vestir mi obra con sus trajes porque no son para mí. Sus referencias ahora no pueden ser las mías porque yo soy su consecuencia, la consecuencia de su esfuerzo y trabajo, de sus imágenes. Me han llenado de su esencia para descubrir una filosofía de la imagen y el espacio, de los colores, de lo espiritual, de lo físico y lo metafísico que es la mía, la que me corresponde, la propia de mi tiempo. Imitarles sería insultarles y hasta despreciar su legado.

No tengo nada contra la fotografía clásica o tradicional, basada en la captura directa, embellecida o no; tiene todo mi respeto y admiración si merece la pena o si es extraordinaria, como alguna cosa que he visto en directo de Sebastián Salgado o de Carlos Rodríguez últimamente y que me han hecho sentarme mudo un buen rato, pero la mayor parte de lo que veo me aburre solemnemente y no quiero ocultarlo. Siento que es viejo y que no aporta nada, que están en mi tiempo pero que parecen de otra época pasada, que es la repetición de las mismas jugadas y que no es para mi porque no me llegan al alma ni a que a través de ellas pueda expresar mis sentimientos; y se desvanecen en mi memoria como los rostros de las personas con las que me crucé hace un mes, pero sigo yendo a exposiciones a llenarme de lo que pueda. Internamente, confieso que, lo miro como quien contempla las ruinas de una civilización en un museo, e intento comprender por qué ese lenguaje se ha quedado obsoleto en mis emociones, pero la única respuesta es que lo que yo hago no puede ser así porque simplemente yo no lo soy. Lo amo y lo admiro, pero yo ya no lo vivo; ésta es toda mi justificación.

Mi obra no objetual, sin objetos reales reconocidos, es un paso adelante al que me siento obligado, no es una huida. Mi obra es lo que siento realmente cuando miro al mundo, es lo que quiero expresar, es el mundo que vive en mí. No sé si mi obra soy yo, pero sé que yo también soy eso. La realidad es sólo un experimento. Y así me comunico interiormente con el mundo que deseo construir, al que aspiro y que amo.

Mi obra es de mi tiempo, de eso no tengo dudas; no tengo más que mirar hacia atrás para ver la línea que me guía. Debe ser por eso que cada vez que comienzo una nueva obra me parece que estoy haciendo mi primera fotografía. Toda una experiencia mirar una obra y no saber si es ella la que me mira a mi. Es algo mágico.

Sobre Carlos Rodríguez

El pasado 25 de Septiembre de 2015 tuve el placer de comisariar una exposición de Carlos Rodríguez, fotógrafo gallego nacido en Arbo y residente en Vigo, inaugurada en el Museo Estatal Ruso de Arte, Historia y Etnografía en la ciudad de Chelyabinsk, capital del óblast del mismo nombre en los Urales del sur. La exposición se presentó como plato fuerte del Photofest internacional que se celebra en esa ciudad rusa y acaba de descolgarse hace unos días.

Su trabajo tuvo una acogida espectacular, de la que dan fe algunas de las imágenes que acompañan al artículo, entre las que incluyo unas pocas obras de las más de cuarenta expuestas en formatos cercanos al metro de ancho y hasta metro y medio. El texto incluido pertenece a la presentación del catálogo.

01IMG_5914IMG_5915IMG_5916Algunas de las imágenes expuestas pertenecientes a sus trabajos en Mexico D.F. y Madrid.

_DSC3262 a_DSC9953 aDSC_1239 aDSC_6518 aCon el Director del Museo, Sr Vladimir Bogdanovskyi y el Sr, Roberto Rivas, Comisario de exposiciones del Hermitage, Pushkin y otros museos rusos, ante la fachada del museo y en el interior del mismo.

img_4929img_4048Imágenes del interior de la sala.

122233333Texto de la presentación del catálogo.

“SILENCE AND CONCLUSIONS”

Cuando en septiembre de 2014, mientras preparaba el convenio de intercambio cultural entre la región rusa de Chelyabinsk y la provincia española de Castellón, el museo de Chelyabinsk me planteó proponer un fotógrafo español al Photofest internacional del año 2015, tuve muy pocas dudas o, más exactamente, ninguna.

Ocurre muy frecuentemente que desde fuera nos remarquen los valores que ignoramos dentro de nuestra propia patria, algo que ocurre en todas y cada una de las comunidades. En muchas ocasiones ese toque de atención hace que un valor desconocido para el público en general se convierta de la noche a la mañana en alguien respetado y admirado. Éste es uno de esos casos privilegiados en que una obra de un autor vivo, con una calidad y dimensiones descomunales ha salido del anonimato para bien de todos.

Haré un poco de historia.

Conocí a Carlos Rodríguez allá por 1983 en una visita que me hizo por su interés en mi obra. Supe entonces que trabajaba para revistas del motor, pero no fue hasta unas cuantas visitas después entre las que pasaron varios años que, una noche tras una cena, abrió una carpeta que escondía lejos de mis ojos y me puso encima de la mesa unas fotografías de paisajes tan delicadas como espectaculares y con una aproximación a la tierra tan particular que me quedé sin palabras. En sucesivos encuentros pude ver como su colección crecía e incluso en varias ocasiones fuimos juntos en busca del momento perdido. Recuerdo cómo en la cascada de Vieiros, una mañana gris, fría y lluviosa, de invierno, decidí no disparar mi cámara porque allí no había nada y, mientras la guardaba vi para mi asombro como Carlos se metía hasta la cintura en el río de agua terriblemente fría con su cámara de placas de 9×12 y el trípode. La plantó en el medio del cauce del río empapándose con la bruma que salía de la cascada e hizo varios disparos tras cambiar los cargadores de placas. Días después pude ver las placas reveladas y aún hoy sigo preguntándome, 20 años después, por qué yo no disparé. La imagen era milagrosa. Pocos tuvimos el placer de disfrutar de su genialidad en directo mientras él seguía acumulando imágenes año tras año. Y entonces casi por casualidad alguien desde fuera descubrió su obra.

En 1993 un japonés se encontró en una visita a Santiago de Compostela con un par de docenas de fotos ampliadas en una sala sobre una mesa de reuniones, en la que Carlos hacía una selección aprovechando el tiempo mientras esperaba por una reunión de trabajo. Aquel señor comenzó a dar vueltas alrededor de la mesa mirando todas y cada una de las fotos, preguntó por ellas, por su técnica, por la película empleada y se enteró de que eran placas de Fuji. Aquella persona que demostraba tanto interés por lo que veía era el Sr Maeda, a la sazón director de Fuji Europa. Esto ocurrió un viernes; el siguiente lunes Fuji contactó con Carlos y le ofreció la primera exposición individual de un autor en el Sonimag de aquel año en Barcelona. El merecido éxito de la misma catapultó al autor y su obra hasta el punto de que en su tierra, Galicia, se publicó en octubre de 1995 el libro “Galicia, instante eterno” que se convirtió en libro institucional de la comunidad y que en diciembre de ese mismo año recibió en Londres el premio a la mejor edición mundial. Galicia se merecía algo como eso y Carlos también.

Tras este primer libro se sucedieron en cadena las publicaciones que llevaban su firma y que se podrían calificar como referencias. Una larga lista que omitiré voluntariamente para no dejar el hilo de mi presentación.

Curiosamente en esta exposición que aquí se presenta no hay ni un solo paisaje. ¿Entonces de qué estamos hablando?

Encasillamos a los autores, creemos que Picasso sólo hizo cubismo, Kandinski nunca hizo otra cosa que abstracto, Carlos sólo hace paisajes… Falso, pero no deja de ser un cliché comúnmente aceptado de modo general.

Acreditado por sus paisajes, Carlos Rodríguez enseñaba como con un tímido “también hago esto” fotografías de edificios en ruinas o en construcción, siempre al límite de lo posible y tan personales como es de rigor en su caso. Esta faceta de su obra desarrollada en España, México, Francia, etc, nuevamente es más conocida fuera de su tierra que dentro y, al final, la propuesta hecha de su obra al museo se puede considerar una obra magistral para los autores rusos, con un inmenso patrimonio industrial en plena reconstrucción con abundantes señas aún de un pasado cercano que ha quedado obsoleto y no ha sido destruido, que permitirá décadas de fotografías asomándose por la ventana que les abre esta colección de imágenes de Carlos Rodríguez.

Estas potentes imágenes son de una enorme perfección clásica en lo que a su virtuosismo artesano se refiere. Me recuerdan el cuidado acabado de las imágenes de Sebastiao Salgado en “Génesis”. Pero lo que alimenta la emoción que producen es que los espacios sin gente no están vacíos completamente de humanidad, simplemente esperan la vuelta de los que se han ido, porque la calidez de lo humano no ha desaparecido de ellas, queda algo, como si fuera un perfume, que deja claro que este momento sólo es un lapsus y que pronto volverán los que se acaban de ir. Los que trabajan parecen no hacerlo, la estética de las imágenes hace que en ellas la belleza pueda más que el esfuerzo. Un obrero se asoma entre vigas, parece un modelo, parece una escena preparada; incluso los colores son exactos, los tonos perfectos y llenos de matices… demasiado bueno para aceptar que es una situación auténtica, pero es real y casi está viva la imagen. La estructura mojada por la lluvia, las protecciones movidas por el viento; hermoso ahora que está plasmado en una imagen, pero con el sentimiento de la inclemencia a flor de piel. La cálida quietud de la obra al final del día cuando los trabajadores se retiran, dejando la maquinaria tapada como si de monstruosos esqueletos se tratara, pero tapada con cuidado, cariñosamente, como buscando el bodegón que nadie admiraría si un ojo experto no encontrara entre tanto polvo y oscuridad una perla gris que nadie sabía que estaba allí. He aquí los objetos tratados como si estuvieran vivos y lo humano completamente integrado con la materia. Detrás de este hiperrealismo que oculta la realidad sólo quedan las imágenes del pensamiento, o la realidad simultánea. No hace falta ningún tipo de magia para mirar al futuro y decir que estas imágenes que vuelven a poner en escena a un autor con una nueva y potentísima obra para añadir a sus conocidos paisajes, van a colocarle en la historia en un lugar único y privilegiado que pocos en su tierra han alcanzado hasta el día de hoy. Pero la historia continúa, él sigue disparando.

DSC_1548 aDSC_3051 aDSC_3122 aDSC_7983 a

Los invitados de una imagen

LA TRASCENDENCIA DE LA MIRADA copia 2

«LA TRASCENDENCIA DE LA MIRADA» de la colección «Uralios» 2011

El diálogo con una obra se establece ante ella. Es muy dificil conseguir esa misma charla ante una imagen tan pequeña como la que se puede ver en un blog o en la pantalla de un monitor, pues ni tan siquiera se la puede ver entera ocupando un gran ángulo de visión de nuestros ojos, lo que me parece imprescindible. En todo caso, para ayudarles a entrar en el diálogo con una imagen si tienen la posibilidad de observarla en directo, voy a presentar algunos de los actores presentes en una de mis obras. Serán sólo unos pocos, ya que a veces, como ocurre aquí, alguno de esos invitados miden un par de centímetros y puede haber muchos, incluso cientos en cada obra de alguna de las colecciones. En todo caso, aunque no puedan ver una obra en directo, espero que la explicación les permita comprender la complejidad de la construcción de estas estructuras y su puesta en escena.

La fotografía de la que voy a escribir se hizo en Rusia, en un bosque en las montañas Urales. En una mirada rápida es fácil ver siete actores principales, que señalo en la siguiente imagen.

LA TRASCENDENCIA DE LA MIRADA copia 3Pero una mirada más detenida nos dejará ver que no están solos, que hay algunos “invitados” por el fondo… Dado el pequeño tamaño de la imagen en el blog señalaré aquellos que aún se pueden ver con cierta facilidad y ampliaré alguno como ejemplo.

LA TRASCENDENCIA DE LA MIRADA copia 4Aquí he numerado 11 para identificar su situación. De cuatro de ellos he preparado unas ampliaciones.

imagen unida       son los números 1, 7, 9 y 10

En esta fotografía color y forma están separados y tienen diferentes formas de expresión. No se puede reconocer el objeto original usado como “modelo”.

La obra no es la consecuencia del diseño gráfico o de un duro trabajo en Photoshop. Por supuesto hoy en día el uso de la imagen digital es una necesidad ante la desaparición de los métodos químicos de trabajo, pero no es el fundamento de la Realidad Simultánea.

Esta fotografía usada como ejemplo ha sido exhibida por primera vez en la Central Gallery en Kishinev, Moldavia, como una de las piezas de mi exposición en Julio-Agosto del 2012. Tamaño 1 x 1 metro.

Es necesario conceder a cualquier obra la calma suficiente para que nuestra visión se abra. Toda imagen incluye un factor oculto que se llama tiempo y, a veces, también espacio. Se requiere tiempo para que nuestra mente capte los diferentes planos de una imagen que trata de mostrar varias dimensiones cruzándose, como es el caso; y que incluso tiene formas que se hacen más evidentes al cambiar la distancia, el espacio. En ocasiones, dependiendo del propio observador, ese tiempo puede ser largo para que la puerta se abra, pero la espera, la mirada siempre tiene recompensa. Sin utilizar el tiempo necesario para entrar en una imagen, esta se convierte en ruido, en una simple mancha y se queda muda. Para que podamos alimentarnos de ella es necesario dejar que se establezca un diálogo, hay que darle tiempo.

Mirando el mundo real

Mi trabajo no es diseño gráfico, es fotografía. Puede parecer el resultado de muchas horas de trabajo con Photoshop, pero no lo es. Por supuesto hoy en día uso Photoshop, pero casi la mitad de mi trabajo está hecho en negativo, revelado e impreso. Ha sido a partir del año 2010 que he comenzado a usar cámara digital en estos trabajos. La imagen digital no es una necesidad para mí, pero me da más opciones y me permite ahorrar mucho tiempo.

Para mis capturas me baso en la idea de la fotografía “no-objetual”, una idea que he desarrollado en estos años y que está explicada en mi libro “La Realidad Simultánea” subtitulado: “Ensayo para la aproximación a otro tipo de fotografía”, publicado en el año 2011. El libro ha sido editado en ruso y ahora se ha traducido al inglés, idioma en el que espero que pronto será publicado.

Mi obra es una respuesta a mi forma interna de ver la realidad, de sentir y a mis visiones del mundo. No es la reproducción en papel de cosas, situaciones o de la vida que me rodea, sino de la que se forma dentro de mí, que considero tan real como la exterior, y que puedo capturar con una cámara.

He encontrado un camino para captar algo que con la fotografía tradicional no podía hacer: mi imagen interior. Normalmente la fotografía mira hacia fuera, intentando encontrar vida en las cosas que nos rodean, pero en mi opinión, el uso de objetos como símbolos es una puerta abierta a un mundo increíble que la fotografía tradicional no puede cruzar.

Yo uso objetos para crear símbolos que pueden ser reconocidos como algo diferente. ¿Qué quiero decir con esto? Digamos que es algo así como cuando vemos un rostro en las nubes. ¿Por qué decimos que hay un rostro en una nube? Es evidente que sabemos que allí no hay ningún rostro, pero nos expresamos así porque en la nube hemos reconocido algo que para nosotros es el «símbolo» de una cara. Tal vez lo que vemos es el perfil, o los huecos de los ojos y la línea de la nariz o la boca, no es necesario que sea un rostro entero y perfecto, conque aparezca alguno de los rastros necesarios para que nuestro cerebro identifique la nube con el simbolo de un rostro la analogía ya está servida. Y esta situación ocurre a nuestro alrededor con tanta frecuencia y tan intensamente que los símbolos parecen estar por todas partes. No sólo se encuentran en imágenes aplanadas como puede ser una nube que está muy alejada de nosotros, sino incluso en las composiciones aleatorias de los diferentes escenarios que se producen ante nuestros ojos en tres dimensiones al mezclar planos  de la vida real. Se mezclan árboles con piedras, o con caminos; rocas y plantas, tierra y piedras con muros, arboles y nubes… En estos casos es necesario integrar las diversas partes de la escena en una sola imagen, aplastar las dimensiones uniéndolas y, entonces, aparece un nuevo invitado a nuestra vida que creíamos que antes no existía y que acaba de llegar.

He desarrollado a lo largo de más de dos décadas un complejo sistema para usar estos símbolos de modo creativo y poder contar historias. El primer objetivo era conseguir que el objeto usado como modelo no se reconociera como tal y sólo viéramos el simbolo que habiamos encontrado. En pocas palabras,  en el caso del rostro que aparece en la nube, en el resultado final no se reconocerá que es una nube sino que sólo aparecerá el rostro, sin más referencias. De este modo el objeto desaparece dejando paso al simbolo. En ocasiones he llegado a hacer que este nuevo simbolo recién creado se una con otros también creados y produzcan una nueva imagen perfectamente identificable. Creo, estoy seguro, de que en el futuro este tipo de imágenes también formarán parte del Arte fotográfico ya que abren un nuevo camino independiente del realismo reproductivo. Sucedió con la pintura y sucederá con la fotografía.

En mi trabajo no se puede reconocer el objeto capturado, ese objeto no es importante, no es “lo que es”, es “lo que puede ser”. Lo evidente sólo es la máscara de la realidad.

Mis imágenes necesitan ser contempladas de forma relajada y dándoles tiempo si se quieren descubrir las imágenes que ocultan para poder disfrutarlas, ya que suelen tener muchas más cosas en el  interior de lo que se puede pensar con una rápida mirada.

Para que puedan comprender mejor mi trabajo he preparado unos ejemplos que explican de dónde vienen mis imágenes y la obra finalizada.imagen 1   Escena original                                              Captura calculada003 EL VIEJO NADADOR           “EL VIEJO NADADOR” de la colección «Petrolitos» 2011

Si miran con cuidado verán que hay más que un solo actor en la imagen, pues le acompañan varios rostros a su alrededor. Esos otros personajes aparecen como consecuencia de la técnica que utilizo para mezclar planos en uno solo y que es la característica de mi obra en los últimos 25 años.

“EL ESPEJO DE NIDONDE” de la colección «Nidondios» 2010imagen 3El “objeto”                                                         La imagen final

“EL GUARDIAN DE NIDONDE” de la colección «Nidondios» 2010imagen 4La captura                                                        El resultado

Es fácil ver de dónde viene cada línea. En esta colección he usado árboles como modelos. El símbolo está ahí en el mundo visual, sólo es necesario descubrirlo en el escenario real y darle nueva vida.

Para mis necesidades el original se captura fuera de foco según lo que quiera conseguir, no es un error la imagen que muestro en apariencia desenfocada. Necesito calcular un cierto nivel de difusión para mezclar las dimensiones y conseguir mis fotografías. La idea de la Lógica Difusa -en este caso “Imagen Difusa”-, es una necesidad en mi trabajo.

Pondré unos ejemplos más.

“VIENTO CROMÁTICO” de la colección «Cromáticos» 2012imagen 5“PIÉ DE PIEDRAS” de la colección «Petrolitos» 2011imagen 6

He seleccionado unas imágenes que creo resultarán sencillas de comprender y en las que sus formas son perfectamente identificables.

El proceso aquí mostrado está realizado sobre imágenes capturadas digitalmente porque conservo algunas capturas del original antes de lo que yo llamo el disparo calculado. Generalmente no hago fotos de la escena al natural y directamente disparo tras el cálculo que hago sobre el tamaño del círculo de confusión, por lo que las imágenes que pueden servir de demostración son una excepción. En el caso de los negativos sólo conservo el negativo del que se imprimía la copia final y que actualmente se han digitalizado para imprimir directamente del archivo digital. (Dado que es un término poco conocido para el espectador en general, aclararé que un círculo de confusión es el redondel en que se convierte un punto a medida que se desenfoca y que se hace mayor cuanto más desenfocado está. Ese tamaño es uno de los cálculos necesarios en la captura para desarrollar mi trabajo).

Dentro del apartado Vídeos de mi web encontrarán uno titulado «Origen de la obra» que puede aportarles más información sobre el proceso y muestra más imágenes.

Introducción a mis obras

            Al iniciar este blog doy satisfacción a las repetidas peticiones desde hace años de varios amigos de mi pequeño círculo fotográfico, entre los que no quiero dejar de “culpar” a mi Galerista que ha insistido tanto como ha querido en la necesidad de poner luz –para eso dice que hago fotos-, sobre algunos aspectos de mi obra.

            Admito que hay razones suficientes para establecer este contacto con quienes tengan interés en saber algo más sobre estas fotografías y creo que ha llegado el momento de explicar lo que considere de interés para la comprensión de lo que hago, del por qué lo hago y de mi relación personal con la idea del arte.

            Una obra final colgada en una pared no necesita explicación, ella misma debe ser suficiente explicación. Y este argumento, en el que sigo creyendo, ha sido uno de los motivos del silencio que he guardado respecto a mi trabajo. Si por gracia de la fortuna un puñado de obras mías se conservasen en un cajón, y alguien las encontrara dentro de mil años, todo lo que yo pudiera decir en mi tiempo de vida no tendría valor alguno. Sólo la obra por sí misma sería el argumento para cualquier reflexión que pudieran hacer entonces sobre su contenido y el alma que la habita.

            Pero también es cierto que el Arte mueve el mundo y que es el alimento del espíritu. El Arte nos cambia, nos sensibiliza, hace que seamos más capaces de entender nuestras propias abstracciones y abre puertas a mundos escondidos fuera o dentro de nosotros. Una obra honesta que lleva a su autor al límite de su capacidad interior y de su virtuosismo artesano, es consecuencia de muchas cosas, pero entre ellas están las influencias del tiempo que le ha tocado vivir, de su mundo, de la gente. Por esto mismo la obra no es sólo de quien la hace, es también de quienes aportaron la vida que la ha creado y que el autor ha hecho germinar. Y esto es común para todas las artes.

            Ahora yo hablo de fotografía, y este apartado de la creación tiene ciertas peculiaridades que la diferencian de otras Artes, como por ejemplo que se la considera hasta cierto punto un reflejo de la realidad. Y es cierto que a través de ella recordamos a nuestros seres queridos o momentos que convierte en inolvidables, pero a veces resulta que hay más que eso si se sabe mirar y se aprende a ver. Y en eso estamos mi obra y yo.

            Por circunstancias personales y que se escapan a esta presentación, he llegado a concluir un tipo de imágenes que se alejan de lo que se considera fotografía “normal”, si se me permite el entrecomillado. Nada es normal cuando se escapa de lo conocido, nada es normal cuando parece que rompe algunos esquemas, o muchos esquemas, o todos los esquemas. No es normal si no se le reconoce como lo que se supone que debe ser; pero esta normalidad es un esquema válido para las relaciones sociales, no para el Arte.

            Entiendo que digan que mi obra no parece fotografía, que parece pintura. Entiendo que cuando digo que es una foto me pregunten si es una foto de un cuadro. Entiendo que pregunten cómo se hace en vez de preguntar cómo lo veo. Y hasta entiendo que haya quien no crea que es fotografía o que concluyan que todo es una brutal manipulación en un programa de edición. ¿Cómo no entenderlo? Sin embargo detrás de estas dudas, muy normales, se despierta una cierta inquietud en los espectadores que les obliga a volver a mirar dentro de la imagen colgada en la pared. Y yo quiero creer que se están viendo a sí mismos en un espejo, como yo me veo a mí también. Y esto, pase lo que pase dentro de mil años, hace que piense que merezca la pena dedicar un cierto tiempo a abrir los ojos a un tipo de fotografía que, tal vez, no sea muy normal en su tiempo pero que tiene algo que decir. Comprendo que esto mismo ocurrió con muchas otras artes y tendencias artísticas en el pasado y no debe ser motivo de insatisfacción no encajar en ningún estilo o tendencia de la propia época; lo importante es continuar la obra. Puede ser que algún día llegue su tiempo.

Algunos textos en los pdf de los catálogos de mis exposiciones pueden servir de ayuda para la comprensión de las imágenes, y también los videos, especialmente el “Origen de la obra” que pueden encontrar en mi web. Las colecciones de la realidad simultánea comenzaron en 1991 y por supuesto en negativo, sin manipulaciones posibles digitalmente. Hasta 2010 no hice la primera colección con cámara digital; y es que la técnica puede cambiar mucho para ayudarnos a plasmar lo que vemos, ya sea dentro o fuera, pero sin visión no hay técnica que produzca otra cosa que ruido visual. Al menos en mi modesta opinión.

Gracias a todos los que han creído en este proyecto y siguen apoyándome.